Desde lo discursivo es notorio que aún le queda un largo proceso a la disciplina a nivel global. Todavía es necesario aclarar “femenino” cuando aludimos al fútbol, como si fuera un deporte diferente al que practican los varones. Mismas reglas, mismos escudos pero distinto trato, aceptación, oportunidades y sueldos. Además, un factor clave: el rechazo. ¿Por qué existe tanta resistencia hacia la disciplina desde quienes consumen fútbol en general?

A grandes rasgos, se puede dilucidar que la falta de difusión y televisación son factores claves en el desconocimiento maquillado de rechazo en determinadas audiencias. Se entiende que al no conocer a sus protagonistas, el desinterés es notorio por la falta de acceso a la disciplina, y allí se refuerza el mito equívoco de que el fútbol femenino no le importa a nadie. Pero, ¿qué pasa cuando no es sólo ignorancia? ¿Por qué se recurre a la burla, discriminación y sexualización? Este deporte es el último bastión machista de la sociedad. Es el último nido conservador, reacio tanto a la ampliación de derechos como a la inclusión social.

Jugá como una nena

Durante un siglo se reprodujo el discurso de que el fútbol es sólo para varones, contemplando restricciones y prohibiciones a las mujeres para practicarlo. Ese razonamiento no es aislado, sino que se sustenta y se nutre desde una base heteropatriarcal, sostenida y promulgada por el mismo capitalismo. Es allí donde el discurso de que “el fútbol es sólo para varones” se reafirma. Dentro de esa trama discursiva, oxidada pero vigente en muchas personas, hay intereses de por medio.

Más allá del negocio mundial que es el fútbol, estos provechos en el entramado social hegemónico son los privilegios. Y entonces, nadie quiere perder sus privilegios, y menos en el fútbol. Por ende, ese sector entiende que ¿el fútbol femenino aparece en escena como una amenaza para desestabilizar esas bases y apartarlos de sus privilegios? ¿La violencia hacia las deportistas y la rama femenina es por miedo a perder o compartir privilegios?

Gambetear mitos

“Quieren ganar lo mismo que los varones”, “son pésimas”, “a nadie le importa el fútbol femenino”, “no es rentable” y un largo etcétera. Las frases son muchísimas, como los años de diferencia de desarrollo entre el fútbol masculino en comparación con el femenino. Al abrir un libro de historia de este deporte en Argentina y Latinoamérica es suficiente para comprender y contextualizar varias cuestiones.

Las redes sociales son el espacio por excelencia para comprobar que al fútbol femenino se lo entiende como una disciplina nueva “que quiere ser como el masculino” y para muchos eso es una amenaza, y el mecanismo de defensa es la violencia. También hay una tendencia al “les prestamos la pelota”, que es comparable al momento en que “te dejaban jugar” en la canchita del barrio siendo mujer. Pero, ¿por qué pedir prestado algo que también nos pertenece a las mujeres?

No existe mejor medicina para derribar mitos que la información, pero lamentablemente el recurso, para tantos “futboleros”, continúa siendo la violencia. Afortunadamente, tanto los nuevos paradigmas como las nuevas generaciones han puesto sobre la mesa un buen arsenal para derribar esos mitos: diversidad, salud mental, historia, homosexualidad, feminismo, inclusión y muchas otras cuestiones que a más de uno lo llevan a aflojarse la corbata de tal incomodidad. El tabú de ayer es la realidad mediatizada de hoy. Porque siempre existieron, al igual que el fútbol femenino, pero la falta de difusión es sinónimo de invisibilidad. Y al mediatizarse hoy, para algunos es nuevo.

Las mujeres crecimos viendo fútbol masculino, y si lo llevamos al opuesto, muchos varones se resisten a consumir el femenino, y no tienen por qué hacerlo, pero nada justifica la violencia. Excusarse al sostener: “En el masculino también insultamos a los jugadores, si ellas van a jugar al fútbol también será así”, nos enciende la luz roja. Cuando encontramos “hinchas”que insultan, humillan y se burlan de una futbolista hasta con su mismo escudo, entendemos que aún queda mucho trabajo y eso motiva más para redoblar la apuesta. El fútbol masculino llegó a su techo, pero el femenino sigue en desarrollo, motivo para derribar un mito más: esta disciplina no quiere ser como el masculino, sino aún mejor.