Pese al lamentable efecto dominó de casos de abusos, acosos y violaciones en la disciplina, sobre todo a jugadoras menores de edad, parece como si nada hubiera pasado. La displicencia y pasividad de la justicia, opinión pública y medios de comunicación ante estas atrocidades, no suponen más que un silencio atroz que no coopera en lo absoluto con la engorrosa y eterna búsqueda de justicia. ¿A qué se debe este silencio? ¿Por qué nadie toma magnitud de lo que está sucediendo? ¿Acaso hay abusos más importantes que otros?

Todo es sistemático: se destapa un abuso, aparecen los comunicados en redes, los medios lo levantan sólo ese día y se termina la historia. Camino a los 200 días de la denuncia colectiva elevada a FIFPRO por jugadoras argentinas sobre un DT, los casos de Estados Unidos y Venezuela, y recientemente los casos de Deportivo Español y en Reconquista, Santa Fe. Y van. La única certeza aquí es que el fútbol juega en un segundo plano. Pareciera que hay que volver a aclarar que estamos hablando de seres humanos, de niñas que no llegan ni a los 16 años de edad, y de cómo arruinan sus vidas para siempre. Hablamos de víctimas, y de los estragos a perpetuidad que les dejaron quienes hoy, en su mayoría, gozan de libertad, anonimato, poder y, sobre todo, complicidad.

Los comunicados de AFA, que expresan acompañar a las víctimas, asistirlas y aportar con la causa, se convirtieron en una lamentable moneda corriente. Pero, ¿se puede hacer mucho desde AFA si la justicia mira para otro lado? Esa indiferencia juega a contrarreloj en la salud e integridad de las víctimas. Para la psicóloga deportiva y olímpica Laura Spaccarotella, el daño es multidireccional; puede ser violencia desde la autoridad, institucional o de los entrenadores, emocional o psicológica, aprovechándose de las expectativas que pueda tener una deportista mujer, que siempre suelen ser más limitadas que los varones

“Las situaciones de abuso, incluido el sexual, pueden resultar en culpa, disminución de la autoestima, falta de confianza, depresión, intentos de suicidio, una espiral descendente en cuanto al movimiento vital de una persona. Es difícil pensar cómo una deportista pueda rendir en este marco de sufrimiento, que muchas veces siente sin salida” afirma Spaccarotella. El daño irreversible que sufren las jugadoras puede evitarse de una sola forma: previniendo.

Para la psicóloga deportiva, las asociaciones y los clubes deben generar espacios con circulación de la palabra y la reflexión, insistiendo en la educación en prácticas cuidadas. “Es necesario que desde las dirigencias se maneje este enfoque para que se realicen elecciones idóneas de las personas que tienen a cargo las prácticas deportivas. Realizar evaluaciones psicotécnicas de quienes ocupan lugares de conducción puede ser un recurso para prevenir distintos tipos de abusos” completa la licenciada.

Imagen: @LSpaccarotella.

También hace hincapié que, en cuanto a lo sexual, la inclusión de mujeres profesionales para el acompañamiento es vital para la prevención y detección de cualquier eventual caso o anomalía. “Acompañar el deporte con un enfoque prioritariamente humanista es el camino: dar recursos psicológicos, brindar escucha y estar disponible siempre va a dar la posibilidad de que lo que en general está oculto, pueda ser revelado. Crear contextos de confianza y seguridad es básico para pensar después en el rendimiento y los resultados deportivos. Primero, siempre, prevenir creando condiciones saludables que alejen situaciones de riesgo y abusos” concluye.

De nuevo: ¿Acaso hay abusos más importantes que otros? ¿Qué más tiene que pasar para que generen conciencia en la difusión y en el avance de las causas? ¿El silencio de los grandes medios y la justicia se debe a una simple falta de interés? ¿O hay complicidad? La ausencia de la justicia, el silencio y el encubrimiento no hacen otra cosa que revictimizar. Callar, cubrir y seguir dándole poder a los victimarios es volver a acusar, violar y acosar. Ser indiferentes nos vuelve cómplices. ¿Hasta cuándo seguiremos pidiendo justicia?