Las alarmas se encienden cuando ya es muy tarde. En el momento que nos desayunamos el suicidio de algún o alguna deportista, allí se retoma el debate sobre esa deuda social, que fue tabú y subestimada por tanto tiempo. Hablamos de salud mental cuando ya es tarde, pero durante ese lapso en el que aún hay tiempo de prevenir, esta problemática queda desplazada e invisibilizada.

En un deporte tan exitista y resultadista como el fútbol, pareciera que la salud mental no tiene lugar entre sus prioridades de alto rendimiento y competencia. No se la considera un motivo para frenar la pelota, porque no es una lesión o una acumulación de tarjetas amarillas. No obstante, este año, luego del retiro de la gimnasta estadounidense Simona Biles, en una de sus competencias en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se volvió a hablar de la salud mental en el deporte.

La gimnasta, cuatro veces medalla de oro en Río 2016, decidió bajarse de la competencia por problemas de esta índole. Mientras que en muchos sectores de la opinión pública se sorprendían al enterarse que no había sufrido ninguna lesión. Pero, ¿acaso los trastornos mentales no son iguales o peores que una lesión? ¿Qué pasa con los daños mentales en la vida de una deportista?

Probablemente el triste caso del suicidio de Santiago “Morro” García, jugador uruguayo de Godoy Cruz, dio cuenta la disfuncionalidad y ausencia en la contención psicológica dentro del fútbol. Muchos jugadores, luego de ello, se manifestaron para que detengan la hostilidad, burlas y odio en redes sociales. Además, sumado a esas manifestaciones violentas cuando un jugador no rinde, tienen su propia autoexigencia por ser futbolistas profesionales de alto rendimiento.

Asimismo, al tener en cuenta que la disciplina está en desarrollo, y que sus jugadoras reciben violencia y discriminación de manera cotidiana, ¿qué pasa con el fútbol femenino? La contención, funcionamiento integral con el deporte y asistencia psicológica en el microclima del fútbol femenino aún no es una realidad. Para Laura Spaccarotella, psicóloga del deporte, asesora de equipos y deportistas, y academicista olímpica, el fútbol está teniendo la inclusión de psicólogos y psicólogas, pero no se da en todos los clubes.

Según Spaccarotella, esta diferencia está marcada por la falta de equiparación entre los clubes más grandes con los más chicos. Agrega: “Muchas veces los clubes de Primera División relacionan al soporte psicológico sólo para las etapas formativas, como la niñez. Los equipos femeninos deberían pedir una mayor inclusión de la psicología en el deporte”. Los psicólogos y psicólogas en el fútbol femenino no están teniendo la incidencia y transversalidad en el desarrollo deportivo de las jugadoras.

Un caso reciente

Debido a la ausencia de ese soporte vital, muchas de ellas se ven obligadas a desistir de su profesión o tomar otras decisiones. Anahí Herrera, ex jugadora de Independiente, Gimnasia y Estudiantes, decidió dejar el club de Avellaneda por su salud mental. “Mi salida de Independiente se debió a que mis horarios laborales no eran compatibles con los entrenamientos, y a ciertas cosas que pasaron con el cuerpo técnico, el cual no tuvo empatía. Di un paso al costado por mi salud mental. Una hace mucho sacrificio, pero muchas veces no es valorado”, sentenció la actual jugadora de Villa San Carlos.

Imagen: Prensa Villa San Carlos.

¿Cómo prevenir estas situaciones? Para la psicóloga Laura Spaccarotella, los y las profesionales de la salud en los clubes, a la hora de trabajar de forma coordinada con lo deportivo, deben conocer la historia personal de cada deportista; su trayectoria, entorno, vidas, contexto y apoyo. También afirma que deberían existir programas de desarrollo de salud mental, e implementarlos desde temprana edad.

Por último, Laura Spaccarotella da cuenta de una realidad que puede ser diferencial en el soporte psicológico de las futbolistas: “La inclusión de profesionales de la salud muchas veces queda suprimido ya que algunos equipos optan por incluir coaching, con dinámicas y técnicas que nada tienen que ver con la salud. Hay que diferenciar al profesional de la salud con quienes hacen coaching”. Y sobre la prevención en el cuidado de las deportistas, completa: “La violencia es el abandono ante situaciones que se podrían haber prevenido”.

Sumamente necesario

Más allá de las falencias dentro de un proceso en el desarrollo deportivo, es urgente la presencia de políticas públicas en materia de salud mental, y desde esa presencia del Estado, una vez más entendemos al desarrollo del fútbol femenino como una suerte de cadena. La inversión generará mejores condiciones de trabajo. Lo que ofrecerá un mejor desarrollo de sus futbolistas, y por consecuencia, una disciplina mediáticamente rentable. Dentro de ese desarrollo como deportistas, está la salud mental.

En un escenario violento, que las jugadoras padecen diariamente en sus redes sociales por el simple hecho de jugar al fútbol, ¿quién se responsabiliza por ese daño causado? ¿Qué estamos haciendo para prevenir situaciones drásticas? Dentro de la cadena de desarrollo en el fútbol femenino, la salud mental es un eslabón vital que no sólo las convierte en mejores jugadoras dentro de la cancha, sino que mejora la calidad de sus vidas, y también salva otras tantas.