Para una generación que no pudo seguir a sus ídolas (inclusive, desconociendo de su existencia) en el fútbol argentino, Estefanía Banini fue la primera cara a nivel nacional que cortó con esa ausencia de referentes femeninas en el fútbol. En un top mundial, la mejor del país, la diez, histórica y diferencial, desde donde se la mire.

Pese a que el fútbol femenino en Argentina nació a la par del masculino a comienzos del siglo XX, la construcción discursiva, identitaria y el reconocimiento de las figuras femeninas en el fútbol es reciente. Tras prohibiciones y restricciones a las mujeres en el deporte a lo largo de la historia, la disciplina no se desarrolló a la par de la masculina.

Para una generación que no pudo seguir a sus ídolas (inclusive, desconociendo de su existencia) en el fútbol argentino, Estefanía Banini fue la primera cara a nivel nacional que cortó con esa ausencia de referentes femeninas en el fútbol. En un top mundial, la mejor del país, la diez, histórica y diferencial, desde donde se la mire.

Formar parte de un imaginario social no es por inercia o casualidad, sino un producto colectivo como consecuencia de varios factores. Este reconocimiento tardío de referentes mujeres, también forma parte de los 100 años de demora en el fútbol femenino. Encabezado por las pioneras del fútbol femenino, y las centenares de futbolistas y mujeres argentinas que formaron -y forman- parte de la lucha por el reconocimiento de las futbolistas mujeres, los factores para este actual registro son multicausales.

Asimismo, hablar de identidad en Argentina con un diez en la espalda también significa mucho en este proceso. La inserción a un entramado social carente de futbolistas mujeres reconocidas, fue la consecuencia de la trayectoria deportiva de Estefanía Banini. Indistintamente del club donde jugó, la mendocina nunca pasó desapercibida, al contrario, fue y es la pieza clave de todos los equipos. Así pasó en el amateurismo, en sus orígenes en Mendoza, en el futsal de su querido Cementista, junto a varones; luego en las Pumas, institución exclusiva de fútbol femenino que reúne a las mejores de Mendoza, y que actualmente es el primer club profesional que no pertenece a AFA. Campeona y distintiva en ambos.

Probablemente, el salto al profesionalismo fue lo que gestó la construcción de la referente que la sociedad argentina comenzó a reconocer. Su llegada al Colo-Colo, no solamente la posicionó en un plano profesional, sino que paralelamente su crecimiento futbolístico le sirvió en su presencia con la celeste y blanca: ganó el oro en los Odesur del 2014. Sus diez títulos en el Cacique, incluyendo una Copa Libertadores, y las tantas distinciones por su juego, la impulsaron a un plano aún mayor: los Estados Unidos. Sus ciclos en el Washington Spirit, en la liga de las cuatro veces campeonas del mundo, con una competitividad inigualable en todos sus equipos, continuó capitalizando su rendimiento futbolístico y reconocimiento a nivel mundial. Llena de elogios, distinciones y reconocimientos en su paso por la NWSL, Banini se convirtió en la primera jugadora argentina en militar en dicha liga.

Un desempeño clave para su performance en la Copa América del 2018 con Argentina, y posteriormente, mediante la histórica clasificación al Mundial de Francia 2019, su actuación deslumbrante con la cinta de capitana en dicho certamen. Pero los reconocimientos a nivel internacional llegaron en su reciente etapa futbolística. Durante su paso por España, en la Primera Iberdrola (Valencia, Levante y actualmente Atlético de Madrid) fue mundialmente reconocida como parte del mejor once de Conmebol de toda la década, y luego, en enero de este año, parte del mejor equipo femenino del mundo, en los premios The Best.

Durante la carrera de Estefanía Banini, algunas lesiones la mantuvieron alejada de las canchas en varias oportunidades. De todas formas, sus regresos siempre fueron positivos y, como de costumbre, diferenciales. Sus equipos de turno nunca dejaron de contar con su presencia, y en tiempos de lesiones, contaron los días para su regreso. Caso que no aplica en la actualidad de la Selección argentina, ya que en estas últimas temporadas de actividad y rendimiento positivo en España, posteriores al Mundial de Francia, curiosamente sigue sin aparecer en la lista de convocadas.

Retomar el concepto de mujer futbolista referente para una era sin esas figuras, nos deja una noción de la magnitud que ello significa: Estefanía Banini generó esa identidad y sentido de pertenencia a una generación huérfana de ídolas. Y también les abrió las puertas a otras futbolistas que han comenzado a tener un merecido reconocimiento e influencia en nuestro país. Por eso, si tuviéramos que buscar un adjetivo para definirla, la palabra “diferencial” la define a la perfección.

El fenómeno Estefanía Banini es un legado vigente que no hace otra cosa que capitalizar el lado más positivo del fútbol: la inclusión. El tiempo y los equipos nos han demostrado que un grupo de personas no puede depender de una sola, pero ¿Qué pasa cuando esa persona marca la diferencia en el grupo y su funcionamiento?